Cruces y espadas, tal es nuestro destino...
Herir por doquier la perdición y el mal
de que no terminamos de librarnos...
Gritar que somos infatigables,
que nuestro corazón quebrado en nuestro pecho
no se doblegará, no cambiará...
Y leer en los siglos la suerte elegida...
la muerte es perecedera, la Fe eterna.
Kazimierz wierzynski
27 sept 2007
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